Los peces tienen su propio lenguaje: una revolución acústica marina

© Laurent Duclos

Unos investigadores canadienses acaban de dar un paso importante en la comprensión de la vida submarina: han identificado y caracterizado los sonidos propios de varias especies de peces, lo que abre el camino a nuevas herramientas de seguimiento y conservación.

Localización acústica y vídeos submarinos

En las costas de Columbia Británica, un equipo de biólogos ha registrado más de mil señales acústicas emitidas por ocho especies que habitan en los arrecifes rocosos. Gracias a un dispositivo que combina la localización acústica con grabaciones de vídeo submarinas, se ha podido atribuir cada sonido con precisión a una especie y a un comportamiento concretos. El resultado: un auténtico mapa sonoro de las interacciones submarinas.

Algunas señales son especialmente llamativas. Así, el gallineta negra emite un gruñido grave parecido al croar de una rana, mientras que la gallineta espinosa emite series de golpes secos y gruñidos. Estas emisiones varían según las situaciones observadas: huida ante un depredador, búsqueda de alimento o comportamientos territoriales. Esta diversidad confirma que los peces disponen de un repertorio de comunicación mucho más rico de lo que se pensaba.

Una firma sonora

Más allá del comportamiento, los investigadores también han demostrado que estos sonidos varían en función de la morfología de los individuos. Los peces más pequeños emiten frecuencias más agudas que los más grandes. Tras analizar 47 parámetros acústicos e integrarlos en un modelo informático, el equipo logró identificar las especies con una precisión del 88 %. Un resultado que corrobora la idea de una «huella sonora» propia de cada especie.

Estos avances abren perspectivas concretas para la gestión de los entornos marinos. La acústica permite ahora identificar la presencia de una especie sin necesidad de capturarla, e incluso estimar el tamaño de los ejemplares. Al multiplicar los registros, resulta posible localizar zonas de reproducción, seguir los desplazamientos o detectar concentraciones de peces, incluso en zonas profundas o de difícil acceso.

Discreto y no invasivo, este enfoque complementa eficazmente los métodos clásicos de observación. A largo plazo, podría permitir evaluar la abundancia de las poblaciones y proteger mejor a las especies vulnerables. En otras palabras, escuchar el mar podría convertirse en una de las herramientas clave de la conservación marina moderna.

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