Estos trabajos preliminares, dirigidos por investigadores de la Universidad de Acadia y de la Academia Sinica, muestran que una simple disminución del pH, acorde con las previsiones para el año 2100, podría reducir casi a la mitad el cerebro de estos cefalópodos, a pesar de ser conocidos por su inteligencia.
Un cerebro reducido en un 49 % en condiciones simuladas
Para reproducir las condiciones futuras del océano, los científicos han criado calamares (Sepioteuthis lessoniana) desde su eclosión en dos entornos distintos: un tanque con el pH actual (8,2) y otro con un pH de 7,8, que se corresponde con las previsiones climáticas para finales de siglo.
Tras 90 días, los análisis por imagen revelaron un resultado sorprendente: las personas expuestas al agua acidificada presentaban un cerebro un 49 % más pequeño que el del grupo de control. Sin embargo, su crecimiento corporal seguía siendo similar, lo que descartaba un simple retraso en el desarrollo.
Por lo tanto, una variación del pH de tan solo 0,4 basta para provocar un cambio importante en el cerebro, un resultado que ha sorprendido incluso a los propios investigadores.
La visión en primera línea
No todas las zonas del cerebro se ven afectadas de la misma manera. Las regiones relacionadas con la visión parecen ser especialmente vulnerables:
- Los lóbulos ópticos pierden hasta un 52 % de su volumen.
- Los tractos ópticos, fundamentales para la transmisión de la información visual, se reducen en un 62 %.
Ahora bien, estas estructuras desempeñan un papel clave en la detección y captura de presas. Por lo tanto, una alteración de este tipo podría comprometer gravemente la eficacia de los calamares a la hora de cazar.

Un reto ecológico de gran importancia
Estos resultados suscitan una gran preocupación. Los calamares se encuentran entre los invertebrados marinos más inteligentes, con una densidad neuronal comparable a la de algunos vertebrados, como el perro.
Un deterioro de sus capacidades sensoriales y cognitivas podría tener repercusiones en cadena en las cadenas alimentarias marinas, en las que ocupan un lugar fundamental, tanto como depredadores como presas.
Aunque estos estudios aún deben confirmarse, ilustran de forma concreta los efectos potencialmente profundos de la acidificación de los océanos sobre el comportamiento y la supervivencia de las especies marinas.
Una señal de alarma más para los ecosistemas marinos, ya de por sí debilitados por el cambio climático.

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