¡Agua más caliente!
Los peces son animales de sangre fría: su metabolismo depende directamente de la temperatura del agua. Cuanto más aumenta esta, más se intensifican sus necesidades energéticas. Como consecuencia, consumen más oxígeno.
El problema es que el agua caliente contiene menos oxígeno. Esta paradoja crea un auténtico callejón sin salida biológico: los peces necesitan más oxígeno precisamente en el momento en que este escasea. En casos extremos, esto puede provocar episodios de asfixia.
Varios acontecimientos recientes lo demuestran. Durante los veranos de olas de calor de 2003, 2018 y 2022, se observaron mortandades masivas de truchas y áremes en numerosos cursos de agua europeos, especialmente en Francia.

Crecimiento, alimentación: efectos duraderos
Más allá de la respiración, el calor altera profundamente el funcionamiento de los ecosistemas acuáticos. La alimentación de los peces se ve alterada, su crecimiento se ralentiza y sus ciclos reproductivos se desincronizan.
En el Mediterráneo, los estudios del Ifremer han puesto de manifiesto un fenómeno llamativo: el tamaño medio de las sardinas ha disminuido en unas pocas décadas, pasando de unos 15 cm a 11 cm, debido a los cambios en el plancton (su principal fuente de alimento) y a un desequilibrio energético relacionado con el calentamiento del agua.
En algunas especies, los períodos de puesta también están cambiando. Este desfase puede parecer insignificante, pero puede poner en peligro la supervivencia de las larvas si su eclosión ya no coincide con la abundancia de alimento.
Reacciones diferentes según la especie
Ante las olas de calor, no todos los peces son iguales. Algunas especies sufren fuertes descensos en sus poblaciones, mientras que otras logran adaptarse... o huir.
Los estudios de modelización indican que las olas de calor marinas pueden provocar migraciones importantes hacia zonas más frescas, así como una rápida disminución de la biomasa.
Sin embargo, el panorama no es uniforme. Un estudio publicado en 2023 en la revista Nature indica que algunas olas de calor no provocan sistemáticamente una disminución generalizada de los peces de fondo en el Atlántico Norte y el Pacífico Nororiental. Algunas especies resisten mejor, e incluso salen temporalmente beneficiadas.

Una crisis discreta, pero muy real
Aunque los efectos de la ola de calor son visibles en tierra, a menudo pasan desapercibidos bajo el agua. Sin embargo, son muy reales. Para muchas especies, estos episodios de calor suponen un estrés importante, que afecta a su respiración, su alimentación y su reproducción.
Detrás de la aparente tranquilidad de un río en verano se esconde a veces una lucha silenciosa. Una lucha por el oxígeno, por la energía y, en última instancia, por la supervivencia.

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