Refugios térmicos: las aguas subterráneas bajo la presión del cambio climático

Debido a las olas de calor, los refugios térmicos se convierten en elementos vitales para la fauna acuática. Un estudio del BRGM en la cuenca del Ródano muestra que las aguas subterráneas desempeñan un papel clave en la regulación de la temperatura de los ríos, pero que este mecanismo podría verse amenazado por el cambio climático.

Un papel fundamental

Los refugios térmicos fluviales son zonas en las que el agua se mantiene más fresca que en el resto del curso de agua durante el verano. Desempeñan un papel esencial para la fauna acuática, que puede refugiarse en ellos cuando la temperatura supera sus límites de tolerancia. A menudo bien conocidos por los pescadores, estos refugios son visibles a simple vista cuando están relacionados con la sombra de un bosque ribereño, el encajonamiento de un valle o la desembocadura de un afluente más frío. Pero gran parte de ellos depende también de fenómenos invisibles: las aportaciones de aguas subterráneas.

Un reto importante

Es precisamente este mecanismo el que el BRGM y sus socios han estudiado en la cuenca del Ródano, a través de tres refugios térmicos alimentados por aguas subterráneas. Lo que está en juego es importante, ya que en verano, tras varios días sin lluvia, los ríos dependen en mayor medida de las capas freáticas para mantener su caudal en época de estiaje. Ahora bien, estas aguas subterráneas, cuya temperatura suele ser estable, contribuyen a enfriar localmente el curso de agua y a crear una anomalía térmica favorable para la vida acuática.

Estas anomalías térmicas actúan como auténticos reguladores naturales. Cuando el aporte subterráneo es suficiente en relación con el caudal del río, la temperatura se vuelve más estable, a veces a lo largo de varios kilómetros. La fauna encuentra allí un entorno más propicio para sobrevivir, alimentarse y reproducirse. Los investigadores se centran, en particular, en indicadores como el número de días en los que el agua supera los 20 °C, umbral considerado biológicamente sensible para numerosas especies.

Pero el cambio climático está debilitando este equilibrio. Las olas de calor son más frecuentes, la temperatura del aire aumenta, los cursos de agua se calientan y los caudales en época de estiaje disminuyen. La pregunta que plantea el estudio es, por tanto, crucial: ¿podrán las aguas subterráneas seguir desempeñando su función de refugio en un contexto de calentamiento duradero? ¿Y qué ocurrirá si estas mismas aguas se calientan? Para los ríos, y para toda la vida que albergan, lo que está en juego va mucho más allá de la mera cuestión térmica.

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