Virus del edema de la carpa
Tras este nombre engañoso se esconde el virus del edema de la carpa (CEV), un virus que afecta únicamente a las carpas y a los koi. La enfermedad se identificó en Japón en la década de 1970, antes de llegar a Europa a partir de 2009. En Francia, los primeros casos se registraron en 2013. Su nombre popular proviene del comportamiento de los peces afectados: se vuelven apáticos, permanecen postrados en el fondo del agua y dan la impresión de estar durmiendo.
Los síntomas suelen ser característicos. Las carpas infectadas nadan poco, dejan de alimentarse y apenas reaccionan a los estímulos. En una fase avanzada, pueden permanecer tumbadas de costado, en la superficie o en el fondo, con dificultad para respirar. También aparecen signos físicos: exceso de mucosidad, hinchazón, ojos hundidos y branquias pálidas o dañadas. En los casos graves, la muerte se produce por anoxia, cuando el pez ya no es capaz de compensar su estado de agotamiento.

Una propagación debida a diversos factores
La temperatura del agua desempeña un papel importante en la aparición de la enfermedad. Según las fuentes, el virus puede manifestarse en aguas frías o templadas, y los brotes se observan con frecuencia en primavera o cuando se producen variaciones térmicas marcadas. El estrés, la manipulación, la introducción de nuevos peces o la circulación de material contaminado también favorecen la propagación.
El CEV es especialmente temido por su contagiosidad. Se transmite de un pez a otro, pero también a través del agua y del material de pesca o de cría mal desinfectado: las redes de mano, las cestas, las alfombrillas de recepción o los recipientes pueden convertirse en vectores. Una vez que se ha establecido en un entorno cerrado, puede propagarse muy rápidamente y afectar a gran parte de la población de peces.
Una mortalidad elevada
Las consecuencias pueden ser devastadoras. En algunos casos, la mortalidad alcanza niveles extremos, llegando a afectar a casi la totalidad de los peces de un cuerpo de agua en cuestión de días o semanas. Hasta la fecha, no existe ninguna vacuna ni tratamiento curativo realmente eficaz.

Por lo tanto, para los pescadores sigue siendo fundamental mantenerse alerta. Limpiar y desinfectar el material, evitar trasladar peces de un lugar a otro y notificar cualquier comportamiento anómalo forman parte de las medidas de prevención. Y es que, tras ese nombre casi anodino, la enfermedad del sueño representa hoy en día una de las amenazas más graves para las poblaciones de carpas de agua dulce.

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