La caza furtiva de carpas: un tráfico organizado que amenaza la pesca

Las carpas, cada vez más codiciadas...
Las carpas, cada vez más codiciadas... © Laurent Duclos

La caza furtiva de carpas se ha convertido en un auténtico tema de fondo en el ámbito de la pesca, ya que ya no se trata solo de una infracción «puntual», sino que a menudo es un tráfico organizado en torno a peces muy codiciados. En Francia, afecta sobre todo a las carpas de buen tamaño, capturadas en masas de agua públicas o privadas para ser revendidas, trasladadas a otros estanques o utilizadas para abastecer a circuitos paralelos.

¿Hacia un mercado negro?

Este fenómeno preocupa especialmente a los pescadores de carpas y a los gestores de masas de agua, ya que una carpa de gran tamaño tiene un gran valor económico y simbólico. En algunos casos, hay personas que acuden de noche, localizan a los peces, los capturan con material prohibido o fuera de temporada y, a continuación, los transportan rápidamente en neveras portátiles, bolsas o viveros improvisados. El objetivo no siempre es alimentario: puede tratarse de abastecer estanques privados, «carpodromos» sin escrúpulos o un mercado negro de peces trofeo.

Ya se trate de carpas de trofeo o de carpas koi, su reventa puede reportar varios miles de euros, a veces incluso mucho más en el caso de los ejemplares más codiciados.

Des poissons convoités pour leur beauté.
Peces muy apreciados por su belleza.

Multas cuantiosas

Desde el punto de vista legal, el marco es claro: la captura o el transporte ilegal de peces constituye caza furtiva, y en Francia está prohibido, en determinados casos, el transporte de una carpa viva de más de 60 cm, con sanciones que pueden alcanzar los 22 500 euros. En términos más generales, la caza furtiva se define como la captura ilegal de especies, al margen de las normas relativas a fechas, lugares, tamaños o medios autorizados.

Consecuencias reales

Las consecuencias son graves. En primer lugar, para el recurso: la captura de carpas reproductoras o ejemplares de gran tamaño altera la población y socava los esfuerzos de gestión piscícola. En segundo lugar, para la imagen de esta actividad de ocio: los pescadores habituales tienen la sensación de sufrir una competencia desleal y un deterioro del medio. Por último, para los propios lugares: algunas zonas sufren intrusiones, vertidos de residuos, deterioro de las riberas y, en ocasiones, daños a la biodiversidad.

Multiplier les contrôles pour lutter contre le braconnage.
Aumentar los controles para luchar contra la caza furtiva.

¿Cómo podemos combatir esta lacra?

Ante el aumento de los robos, algunos propietarios de estanques han decidido implantar un microchip a cada nuevo ejemplar que introducen. Este microchip permite identificar individualmente a cada carpa, seguir su crecimiento y demostrar su origen en caso de captura ilegal, lo que constituye una herramienta concreta para prevenir la caza furtiva.

La lucha pasa también, y sobre todo, por la vigilancia, la presencia habitual en las riberas, los controles, la alerta rápida a los guardas y a la gendarmería, pero también por la sensibilización de los propios pescadores. En el mundo de la pesca, se trata de un tema delicado, ya que combina la pasión, el valor comercial, la protección del medio ambiente y el respeto a la ética deportiva.

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