Descripción de la mielga
Este tiburón suele medir entre 80 y 100 centímetros, alcanzando a veces 1,6 metros. Su cuerpo es esbelto y alargado, de color gris pizarra a parduzco en el dorso con manchas laterales blancas en los juveniles, y blanco pálido en el vientre. La mielga tiene dos aletas dorsales precedidas de espinas venenosas (no letales), aletas pectorales triangulares y dientes oblicuos con una sola cúspide que forma un borde afilado.
Hábitat y comportamiento
La mielga es una especie gregaria que forma grandes bancos monosexuales. Se encuentran en el Atlántico, el Pacífico y el Mediterráneo, desde la superficie hasta 900 metros de profundidad, a menudo cerca de la costa o en fondos arenosos. Migratorios, siguen las corrientes para alimentarse de peces (arenques, lanzones), crustáceos y cefalópodos. Alcanza la madurez a los 5-10 años de edad y puede vivir hasta 100 años, aunque crece muy lentamente.

Reproducción
Ovovivípara, la hembra de la mielga lleva de 2 a 15 embriones durante 18 a 24 meses (el periodo de gestación más largo conocido entre los vertebrados). Las crías nacen vivas con 25-35 centímetros tras 2 años de desarrollo interno. La reproducción es bienal (tiene lugar cada dos años), lo que contribuye a su vulnerabilidad.
Importancia humana
Pescada por su carne (sobre todo filetes de tiburón), aletas y aceite de hígado, la mielga está amenazada por la sobrepesca. Clasificada como casi amenazada (UICN), sus poblaciones en el Atlántico disminuyen a pesar de las cuotas. Aunque no es muy peligrosa para el ser humano, sus espinas pueden provocar dolorosas picaduras. Una especie que hay que manipular con cuidado. En Francia, frecuenta las costas atlánticas y mediterráneas.

Conservación
La mielga o Squalus acanthias es, por desgracia, una de estas poblaciones sobreexplotadas en Europa a pesar de las prohibiciones parciales de su captura, sobre todo en la Unión Europea.
Para preservar esta especie sigue siendo necesario establecer cuotas sostenibles y crear zonas marinas protegidas. La longevidad de la mielga sigue siendo un valioso indicador de la salud de los ecosistemas marinos.

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