Estrés térmico: cuando el calor pone en peligro a los peces

El problema del estrés térmico
El problema del estrés térmico © Laurent Duclos

Cuando la temperatura del agua aumenta, los peces sufren estrés térmico. Metabolismo acelerado, falta de oxígeno, agotamiento: una cadena de acontecimientos invisible que debilita a los ejemplares y pone directamente en tela de juicio nuestras prácticas pesqueras durante el verano.

¿Qué es el estrés térmico?

Cuando el agua se calienta, el pez lo sufre. Y, a diferencia de nosotros, no puede hacer nada al respecto. Su temperatura corporal depende directamente de la de su entorno. Por lo tanto, cada grado adicional afecta inmediatamente a su organismo, alterando su metabolismo, sus funciones vitales y su comportamiento.

Este fenómeno tiene un nombre: el estrés térmico. Un metaanálisis publicado en 2023 en el Journal of Fish Biology, en el que se analizaron 33 especies, muestra que cuanto más se acerca un pez a su límite térmico, más aumenta su nivel de cortisol (la hormona del estrés). Una reacción fisiológica con graves consecuencias.

Des poissons qui se déplacent.
Peces que se desplazan.

Variaciones mínimas

Además, los peces perciben la temperatura con una precisión extraordinaria, siendo capaces de detectar variaciones mínimas. Este sentido es crucial: la digestión, el crecimiento o la actividad nerviosa dependen directamente de la temperatura del agua. A modo de ejemplo, el crecimiento del black-bass se duplica entre los 20 y los 23 °C, mientras que el lucio digiere la comida en dos días en verano, frente a casi dos semanas en invierno.

Pero esta ventaja se invierte rápidamente. A partir de un determinado umbral (alrededor de los 25 °C para la trucha y de los 31 °C para el lucio), el organismo se desequilibra. El pez entra entonces en estado de estrés térmico.

La primera fase está en curso: el animal se agita, se desplaza más para buscar zonas más frescas y reduce su ingesta de alimento. Si no hay salida posible, se inicia una segunda fase: el animal se vuelve apático, nada poco, puede perder el equilibrio y respira más rápidamente. Por último, en la fase final, solo subsisten los movimientos esenciales. Aunque se le vuelva a colocar en buenas condiciones, el pez no suele recuperarse.

A esta limitación térmica se suma un factor agravante: el oxígeno. Cuanto más caliente está el agua, menos oxígeno contiene, mientras que los microorganismos consumen más. El resultado es que incluso una temperatura teóricamente tolerable puede llegar a ser asfixiante.

Des poissons en stress.
Peces estresados.

Consecuencias concretas para la pesca

Para el pescador, las consecuencias son tangibles. Un pez que ya está debilitado se agota mucho más rápido durante el combate. Este esfuerzo adicional puede resultarle fatal, incluso después de devolverlo al agua.

En estas circunstancias, adaptar la práctica resulta fundamental. Saber renunciar cuando hace mucho calor, o acortar una sesión, forma parte integrante de una pesca responsable. Preservar los peces hoy es garantizar la calidad de los hábitats y las poblaciones del mañana.

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