Una reacción defensiva
Su comportamiento se explica de forma bastante sencilla: el pez ballesta no ataca al ser humano por hambre, sino como reacción defensiva. Cuando considera que un intruso se acerca demasiado a su territorio, el pez ballesta puede morder para ahuyentar al intruso. El periodo de reproducción acentúa aún más este reflejo. El macho protege entonces su nido con vigor, y los ataques se producen sobre todo en aguas poco profundas, cerca de la orilla. Un nido de pez ballesta suele ser muy discreto, pero hay algunos indicios bastante fiables bajo el agua. Suele parecerse a un pequeño cráter en la arena o entre los restos de coral, con una zona defendida por un pez muy territorial.
Esta actitud se hace aún más evidente en verano, ya que la temporada de reproducción del pez ballesta en el Mediterráneo se extiende de mayo a agosto. Se trata precisamente del periodo en el que las playas están más concurridas, lo que multiplica los encuentros entre las personas y los peces. Las mordeduras pueden ser impresionantes, a veces sangrientas, pero por lo general no suponen un peligro grave para el ser humano.

Bañistas que se acercan demasiado a su territorio
Así se entiende mejor por qué este pez se ha ganado la reputación de «mordedor». No se trata ni de un depredador de bañistas ni de un animal venenoso, sino de un pez territorial, curioso y robusto, que defiende su territorio con los medios que tiene. Su dentadura está diseñada para romper, no para cazar a los humanos.
La mordedura de un pez balista suele ser impresionante, pero en la mayoría de los casos es benigna para el ser humano; el verdadero riesgo radica principalmente en la infección local y el dolor. En caso de mordedura de pez balista, lo primero es salir del agua sin entrar en pánico y, a continuación, limpiar cuidadosamente la herida con agua y jabón y desinfectarla.
En plena faena de pesca
Su pesca puede resultar divertida porque ataca con rapidez, se defiende bien y ofrece una lucha enérgica a pesar de su modesto tamaño. El principal peligro son, por tanto, la mordedura y los cortes mecánicos: el pez puede triturar el cebo, cortar el hilo o morder al soltarse del anzuelo. También hay que tener cuidado con sus espinas y sus movimientos bruscos fuera del agua, ya que puede debatirse con fuerza.

El pez que muerde en el mar es, sobre todo, el pez ballesta común, y si muerde es porque se siente amenazado o porque está protegiendo su nido. Su mala reputación se debe menos a una agresividad innata que al encuentro, en plena temporada turística, entre un pez muy defensivo y bañistas que se acercan demasiado a su territorio.

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