El otoño, el verdadero pistoletazo de salida de la temporada
En las costas mediterráneas francesas, las primeras salidas importantes suelen comenzar ya en septiembre y octubre. Tras las intensas olas de calor del verano, el enfriamiento progresivo del agua y la reducción de la duración de los días favorecen que los calamares se acerquen a la costa.
Es sobre todo entre octubre y diciembre cuando la pesca se vuelve especialmente interesante. En esa época, los calamares se acercan con gusto a los diques, las entradas de los puertos, los cabos rocosos, las playas y las zonas iluminadas, donde se concentran los peces pequeños y otras presas. Esta proximidad a la orilla permite pescar eficazmente desde la costa, sobre todo con la técnica del «egi» o «eging», que se basa en el uso de señuelos modernos animados mediante el lanzamiento.
Noviembre y diciembre, dos meses que no te puedes perder
Aunque las condiciones varían según los sectores y los años, noviembre y diciembre se encuentran entre los meses más estables. Además, los ejemplares que se observan pueden ir ganando en belleza a medida que avanza la temporada.
La pesca sigue siendo posible durante enero y febrero, y a veces depara sorpresas muy agradables. Sin embargo, hay que tener más en cuenta las rachas de viento, los cambios bruscos de tiempo y una actividad que puede volverse irregular. En barco, la exploración de zonas más profundas suele permitir prolongar la temporada cuando los cefalópodos se alejan de la costa.

La puesta de sol, un momento clave
No basta con elegir la temporada adecuada: el horario de pesca del calamar es igual de importante. Los periodos de poca luz son especialmente propicios. Por lo tanto, el intervalo que va desde el final de la tarde hasta las primeras horas de la noche es imprescindible.
El amanecer también puede deparar buenas sesiones de pesca. Por la noche, las luces de los puertos y los diques crean zonas atractivas donde se concentran los peces forrajeros. Los calamares aprovechan naturalmente estas concentraciones para cazar.
Unas aguas relativamente claras y un mar poco agitado también facilitan la pesca. Las noches tranquilas permiten explorar metódicamente diferentes profundidades, dejando que el jig descienda durante más o menos tiempo antes de empezar a moverlo.
¿Qué señuelos elegir para empezar la temporada?
A principios de otoño, los jig de tamaño 2,5 a 3,0 son una excelente opción básica. Cuando los calamares crecen, los modelos 3,0 y 3,5 van sustituyéndolos progresivamente. La elección del peso debe permitir, sobre todo, alcanzar la profundidad a la que se mueven los cefalópodos.
Los colores naturales resultan interesantes cuando el agua es clara y hay mucha luz. Al caer la noche o en aguas ligeramente turbias, los colores más contrastados, fluorescentes o con un recubrimiento luminoso pueden marcar la diferencia.
La animación suele alternar tirones bruscos, aceleraciones y pausas. Estas fases de parada son fundamentales: a menudo, el calamar ataca justo cuando el jiblo desciende.

Entonces, ¿cuándo hay que sacar los señuelos?
Para un pescador del Mediterráneo que quiera disfrutar al máximo de la temporada, septiembre marca el inicio de la vigilancia y octubre, el verdadero comienzo de lo serio. Noviembre y diciembre constituyen, a continuación, un periodo ideal, antes de una pesca invernal que suele ser más técnica.
Más que el calendario, hay que fijarse, sin embargo, en el mar. La presencia de peces pequeños, las cacerías, el agua clara, un tiempo estable y la actividad alrededor de las luces son indicios importantes. Cuando estas condiciones se dan al caer la noche, probablemente sea el momento de preparar los jigs.

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