Normas estrictas que hay que respetar
Cuando se acerca una salida veraniega al mar, es frecuente encontrarse con delfines u otros cetáceos en alta mar. Estos encuentros ofrecen recuerdos inolvidables, pero también exigen respetar unas normas estrictas para no molestar a los animales. La normativa francesa recuerda que hay que mantener una distancia mínima de 100 metros con cualquier mamífero marino y evitar cualquier acercamiento intencionado, persecución o separación del grupo.
Tener la actitud adecuada
La actitud adecuada consiste en reducir la velocidad en cuanto se avista un delfín, mantener una trayectoria estable y dejar que los animales se muevan libremente. Nunca se debe intentar situarse delante de ellos, rodearlos ni prolongar excesivamente la observación. Cualquier cambio de comportamiento, aceleración, desviación de la trayectoria o huida debe dar lugar a la interrupción inmediata del acercamiento.

Un efecto ambivalente sobre la pesca
En lo que respecta a la pesca, la presencia de delfines tiene un impacto variable según las situaciones. En el caso de la pesca recreativa, la presencia de delfines puede, de hecho, tener un efecto ambivalente. En algunos casos, indica que se trata de una zona llena de vida, rica en peces pequeños y, por lo tanto, potencialmente interesante para los pescadores. Pero también puede provocar la dispersión de los bancos, perturbar la actividad alimentaria, hacer que los peces se vuelvan más recelosos y reducir la eficacia de los aparejos. El impacto depende en gran medida de la especie que se busca, del estado del mar y del tipo de pesca que se practique.
Respetar la fauna
En la práctica, es mejor evitar mantener el sedal en una zona por donde circulan los cetáceos. Si los delfines se acercan a la embarcación, es preferible suspender momentáneamente la pesca y esperar a que se alejen por sí mismos. Esta sencilla medida respeta la fauna marina y, al mismo tiempo, evita comportamientos contraproducentes para la jornada de pesca.

La observación de delfines debe seguir siendo un placer responsable. Al adoptar los hábitos adecuados, los navegantes y los pescadores contribuyen a proteger a los cetáceos, a preservar el equilibrio del medio marino y a mantener la riqueza de nuestras salidas al mar.

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