Los principales peligros
El primer peligro es la marea creciente: puede volver muy rápido, rodear un banco de arena o cortar el camino de vuelta, sobre todo si se subestima la velocidad a la que sube el agua. El segundo riesgo tiene que ver con el relieve de la zona intermareal, que nunca es llano: hoyos, canales, zonas de agua residual, rocas resbaladizas y pasos cubiertos de lodo pueden atrapar al pescador o ralentizar considerablemente su avance. El tercer peligro es meteorológico: el viento, el oleaje, la niebla o la lluvia pueden complicar la orientación, aumentar la sensación de frío y dificultar las operaciones de rescate.

¿Cómo afrontarlo?
Antes de salir, hay que consultar los horarios de las mareas y, a ser posible, conocer las particularidades del lugar de pesca. Las fuentes de seguridad también recomiendan no salir nunca solo, informar a un familiar de la zona elegida y de la hora de regreso, y llevar un teléfono protegido contra la humedad, así como un medio de alerta, como un silbato. Una vez allí, hay que estar atento a la hora, fijar un punto de referencia en la orilla y emprender el camino de vuelta con suficiente antelación, a ser posible antes de que el mar suba de forma notable.
En caso de sedimentación o de emergencia
Si te hundes en el lodo, no debes tirar bruscamente de las piernas: es mejor repartir el peso del cuerpo, apoyarte en las manos e intentar salir limitando el efecto de succión. En caso de problema, hay que llamar al 196 para contactar con el CROSS o al 18, según la situación, e indicar con precisión la posición en la que te encuentras. Cuando el agua sube o la angustia aumenta, lo prioritario es mantenerse visible, no entrar en pánico y pedir ayuda inmediatamente.

Precauciones útiles
Lleva ropa llamativa y adecuada para el frío, sobre todo en invierno o cuando haya viento fuerte. Evita las zonas prohibidas, infórmate sobre las condiciones sanitarias de las zonas y respeta los tamaños y cantidades permitidos, ya que la precaución también se aplica a la seguridad alimentaria.
Hay una regla sencilla que lo resume todo: se va a la zona intermareal con la intención de volver pronto, nunca con la idea de «ver hasta dónde se puede llegar».

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