Peces de sangre caliente expuestos al calentamiento global

El atún y el calentamiento global
El atún y el calentamiento global © Laurent Duclos

Un reciente estudio de la Universidad de Dublín advierte de un efecto poco conocido del calentamiento global: ciertos peces de sangre caliente, como el atún y los tiburones, están cada vez más expuestos al sobrecalentamiento. Esta situación podría amenazar tanto su supervivencia como el equilibrio de los ecosistemas marinos.

Atún rojo y tiburones

Especie esencial para la dieta humana y las cadenas alimentarias marinas, el atún tiene una característica fascinante: es uno de los raros peces de sangre caliente. A diferencia de casi todos los peces, cuya temperatura corporal sigue la del agua, algunos atunes, peces espada y tiburones como el marrajo o el tiburón blanco pueden mantener una temperatura interna más elevada gracias a un sistema de intercambio de calor muy eficaz.

Este mecanismo les da una ventaja decisiva. Les permite nadar más rápido, cazar mejor e incluso explorar aguas frías tan al norte como las regiones polares. El atún rojo nacido en las Baleares puede cazar arenques hasta Islandia. Pero a medida que aumenta la temperatura de los océanos, esta superpotencia se está convirtiendo en una desventaja.

Le thon, un poisson à sang chaud.
Atún, un pez de sangre caliente.

Necesidades en constante crecimiento

Los investigadores han demostrado que los peces de sangre caliente consumen hasta 3,8 veces más energía que los de sangre fría. Y cuanto más caliente está el agua, mayores son sus necesidades. Un aumento de 10 °C puede duplicar su metabolismo, obligándole a comer más. Sin embargo, un atún ya puede consumir cada día el equivalente a su propio peso. A largo plazo, por tanto, el calentamiento de los mares podría matarlos de hambre.

El estudio también estima que, a partir de cierto umbral, el agua ya no basta para enfriar a estos animales. En el caso de los tiburones peregrinos, por ejemplo, el sobrecalentamiento comienza a partir de los 17ºC. Cuando el agua se calienta demasiado, atunes y tiburones tienen pocas opciones: sumergirse a mayor profundidad, emigrar a zonas más frescas o ralentizar su natación para limitar la producción de calor.

Por tanto, están sometidos a un doble estrés: el calor les obliga a modificar su comportamiento al tiempo que aumenta sus necesidades energéticas. Esto ejerce una presión adicional sobre especies ya debilitadas por la sobrepesca. El estudio recuerda que la protección del atún no sólo depende de las cuotas, sino también del cambio climático. Comer atún con moderación y favorecer las pesquerías de bajo impacto, como la pesca con caña, se convierte así en una opción más responsable.

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