Yungas bolivianas y ritos de paso
Estamos en el corazón de los Yungas bolivianos, en territorio Tsimane. Chueco, Delfín y Pato son nuestros guías. Pato ha traído a su hijo Jason, de siete u ocho años. Partimos en busca de un río con dorados: el río Tumbo.

Hay que caminar dos días para llegar, a través de una selva tan densa que me pierdo a los pocos pasos. El bosque es casi impenetrable. Para llegar, seguimos las huellas dejadas por el anta (tapir). Este imponente animal abre verdaderos túneles en la vegetación, los únicos pasos posibles en este caos verde.
El segundo día llegamos a la cima de una sierra. Sólo nos quedan unas horas de marcha antes de llegar al río. Este es el primer viaje de Jason. En un momento dado, padre e hijo se detienen al pie de un árbol gigantesco, en el que hay tallados muchos nombres. Durante generaciones, los tsimane han llevado a sus hijos al pie de este árbol en particular, como rito de iniciación.
Tras dos días y casi 20 horas caminando por la selva, cazando y eligiendo un lugar adecuado para dormir bajo el dosel, Jason se ganó el derecho a inscribir su nombre en este árbol milenario como señal de pertenencia a su pueblo.
Sin ellos, nunca habríamos llegado a este río, y probablemente nunca habríamos salido de esta selva. Tienen un conocimiento excepcional de este entorno: son capaces de seguir a animales que ni siquiera adivinamos en las copas de los árboles, evitar a las hormigas que destruyen todo a su paso. No sólo nos permiten pescar en su territorio, sino también vivir adecuadamente en este entorno hostil, donde cada error puede ser el último.
Toño y las aguas del Chaco
El Chaco es una selva seca con un relieve relativamente bajo. Es un entorno semiárido donde la vida es dura. Toño es un indígena guaraní: más que un guía, es un amigo que me ayudó a descubrir esta región salvaje de Bolivia.

Antes de cada sesión de pesca, siempre empieza pidiendo permiso al espíritu del río. Cava un pequeño agujero en la orilla, coloca en él unas cuantas hojas de coca, vierte un poco de chicha (alcohol local elaborado con maíz o mandioca) y añade diversas ofrendas: chocolate u otros dulces. Por último, enciende un cigarrillo y lo deja arder en el agujero. Cuando el cigarrillo está completamente quemado, podemos empezar a pescar.
Toño conoce cada río como la palma de su mano. Siempre sabe dónde están los peces, según la estación, el nivel del agua o la migración del sábalo. Siempre tiene un truco en la manga para pescar algo, incluso cuando todo parece tranquilo y quieto.
Rolando y la Pampa en peligro
Rolando es uno de los últimos baures: su pueblo está casi extinguido y parece condenado a desaparecer. Vive en la inmensa pampa del norte de Bolivia, y cada día observa impotente cómo su entorno se deteriora un poco más. Las tierras salvajes en las que creció se están convirtiendo en pastizales, y los carpinchos, ñandúes y otros animales salvajes están siendo sustituidos poco a poco por vacas.

Rolando es un hombre de una sencillez y amabilidad poco comunes. Ama profundamente su entorno y está encantado de ayudar a quienes viajan con él a descubrirlo. Siempre vela por el bienestar de los viajeros y se asegura de que se cumplan sus expectativas. Conoce su río como nadie: hemos navegado en él noches enteras y me ha regalado momentos inolvidables en el corazón de su selva.
Victor y las altas montañas andinas
Los Andes son una de las regiones más hostiles del planeta. Las temperaturas pueden descender por debajo de -20 °C en algunos lugares, el oxígeno escasea y, sin embargo, la vida abunda en algunas zonas.

Víctor es aymara: a veces pastor, a veces guía de alta montaña para turistas en busca de aventura. Tiene una resistencia excepcional y conoce al dedillo los valles donde creció. Mientras caminamos a más de 4.000 metros de altitud, me habla de las distintas plantas que nos rodean, de las que son comestibles y de las que se utilizan como remedios para diversas dolencias. También me habla de sus encuentros con uma sanka, el rarísimo oso andino, que a veces viene a probar la sal que deja para sus llamas.
Víctor y yo caminamos días enteros por las montañas, pasamos noches bajo las estrellas y pescamos cientos de truchas. Me reveló los secretos de sus valles, me introdujo en su cultura y me permitió compartir su sencilla y admirable vida de pastor.
Homenaje a todos mis guías
Necesitaría muchas páginas para dar las gracias y rendir homenaje a todas las personas excepcionales que me acompañan en mis expediciones. Sin ellas, no podría hacer nada. Sin sus conocimientos, sin su amplitud de miras, sin su comprensión, sin sus ganas de compartir, sin su fuerza física, todo sería imposible.
Siento un profundo respeto por todos ellos: por los que ya he mencionado, pero también por todos los que no puedo agradecer aquí. Están detrás de cada salida de pesca, haciendo posible cada expedición.
Así que, a mis amigos, espero que podamos compartir muchos más momentos excepcionales juntos, y que todos estos magníficos lugares sigan protegidos el mayor tiempo posible.

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