¿Cómo "oye" un pez?
A diferencia de los mamíferos terrestres, los peces no tienen oídos visibles y no perciben el sonido únicamente como una onda sonora aérea traducida por un tímpano. Su percepción se basa en dos sistemas sensoriales complementarios: el oído interno y la línea lateral.
El oído interno sirve para detectar las variaciones de presión sonora, principalmente a bajas frecuencias. En algunas especies, está reforzado por estructuras óseas (como el aparato de Weber en los ciprínidos) que amplifican la transmisión de la señal.
Pero es sobre todo la línea lateral la que desempeña un papel fundamental. Este órgano sensorial, formado por órganos receptores (neuromastos) distribuidos a lo largo del cuerpo, capta las microvibraciones del agua, los movimientos lentos, las turbulencias y las perturbaciones hidrodinámicas. En otras palabras, los peces no sólo "oyen": sienten físicamente su entorno inmediato.
Este es un punto clave para comprender el impacto de los motores y las sondas de profundidad: una señal puede ser inaudible para los humanos, pero perfectamente detectable para los peces.

Frecuencias y vibraciones: lo que realmente producen nuestros equipos
El motor eléctrico delantero
Un motor eléctrico de pesca genera principalmente bajas frecuencias, generalmente inferiores a 200 Hz, pero acompañadas de vibraciones regulares ligadas a la rotación de la hélice y de impulsos electromagnéticos de hasta 600 Hz. Esta señal es continua y localizada bajo la embarcación, sobre todo cuando se utiliza Spot-Lock.
La tecnología del motor influye en esta firma vibratoria: los motores con escobillas producen vibraciones más irregulares, mientras que los motores sin escobillas, gracias a su rotación más suave, emiten bajas frecuencias más estables y lineales. Estas frecuencias corresponden precisamente a la zona de máxima sensibilidad de muchas especies de agua dulce. Incluso a baja intensidad, la regularidad artificial de esta señal permite a los peces identificarla como antinatural cuando se mantiene en el tiempo.

La ecosonda
La mayoría de las ecosondas modernas funcionan entre 50 y 200 kHz para el sonar convencional, y hasta 800â1200 kHz para las tecnologías Live o Down Imaging.
Estas frecuencias están mucho más allá del oído directo de los peces. Por otra parte, cada impulso genera una variación brusca de la presión, que se repite varias decenas de veces por segundo. Así que no es el "sonido" lo que se percibe, sino la repetición mecánica anormal de estos impulsos, sobre todo cuando el barco permanece inmóvil por encima de una estación.
Sensibilidades diferentes según las especies
No todos los peces reaccionan de la misma manera a las perturbaciones acústicas y vibratorias. Su ecología, sus métodos de caza y su hábitat influyen mucho en su sensibilidad.
Lucioperca (Sander lucioperca)
La lucioperca es una especie especialmente sensible a las bajas frecuencias y a las vibraciones lentas, normalmente entre 20 y 200 Hz, con un pico de sensibilidad en torno a 80-150 Hz. Depredador oportunista, a menudo posado o suspendido, depende en gran medida de la percepción sensorial fina para detectar a sus presas.
En entornos de pesca intensiva, es muy bueno detectando vibraciones lentas y continuas, y muchas observaciones coinciden: las luciopercas siguen presentes bajo la embarcación, visibles en la sonda, pero se vuelven mucho menos activas cuando el motor eléctrico funciona continuamente. No se trata necesariamente de una huida, sino de un estado de alerta prolongado que inhibe la alimentación.

Perca (Perca fluviatilis)
Las percas son más tolerantes y tienen un rango de percepción ligeramente más amplio que las luciopercas, de aproximadamente 30 a 500 Hz, con una buena sensibilidad en el rango de 100âeuros300 Hz, sobre todo cuando cazan en bancos. Sin embargo, los individuos grandes y aislados muestran una mayor desconfianza ante las perturbaciones repetidas. Las variaciones bruscas de la velocidad motora o los movimientos espasmódicos suelen ser más molestos que el ruido en sí.
En una deriva natural, las percas vuelven más rápidamente al comportamiento activo de caza.
Lucio (Esox lucius)
Los lucios perciben principalmente frecuencias muy bajas, a menudo por debajo de 150âeuros200 Hz, y son especialmente reactivos a las variaciones repentinas en lugar de a los ruidos estables.
Su línea lateral desempeña un papel importante: es más sensible a los cambios de presión y desplazamiento del agua que al sonido como tal. Un motor eléctrico estable suele tener poco efecto en un pez que ya está inmóvil, pero las microcorrecciones permanentes o los movimientos bruscos pueden provocar un estancamiento del comportamiento.
En el caso de los lucios educados, sin embargo, la combinación de motor y sonar activo parece reducir el tiempo que permanecen en un lugar.
Siluro (Silurus glanis)
El siluro es sensible a las frecuencias muy bajas (10âeuros150 Hz, pico 40âeuros100 Hz) y a las vibraciones lentas gracias a su línea lateral muy desarrollada. Depredador nocturno y bentónico, suele permanecer en postura y utiliza estas percepciones para detectar a sus presas.
En zonas de pesca intensiva o bajo la acción de motores eléctricos, su actividad de caza puede verse reducida por un prolongado estado de vigilancia, sin huida sistemática, pero incluso a veces puede despertar su curiosidad en función de su estado de ánimo.
Ciprínidos (carpas, sargos, cucarachas, etc.)
Los ciprínidos tienen una excelente capacidad auditiva gracias a los huesos del aparato de Weber. Son muy sensibles a las bajas frecuencias, desde unos 20 Hz hasta 1.000âeuros3.000 Hz, con una excelente sensibilidad en el rango de 50âeuros500 Hz. y a las vibraciones repetidas. En las carpas en particular, el condicionamiento está bien documentado: las señales artificiales asociadas a una presión de pesca regular se convierten rápidamente en señales negativas.

Embalaje y presión pesquera: un factor clave
Los peces son capaces de aprender. Sin siquiera ser capturados, pueden asociar determinados estímulos a una situación desfavorable. En aguas muy frecuentadas, la combinación de motor eléctrico + sonda de profundidad + planeo prolongado se convierte en una señal recurrente.
Este fenómeno no conduce necesariamente a una huida en masa, sino a un cambio de comportamiento: los peces se vuelven más estáticos, ataques más tímidos, reducción de las ventanas de actividad.
En este contexto, preferimos las derivas naturales, el uso razonado del motor eléctrico, las fases de parada voluntaria del equipo, que a menudo conducirán a un comportamiento más natural y a una mejor aceptación de los señuelos.
En la pesca moderna, la tecnologÃa es una baza formidable. Pero, como suele ocurrir, lo que marca la diferencia es la forma de utilizarla, no la herramienta en sÃ.

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