Cada vez menos frecuentes
En el Mediterráneo francés, el pulpo común ( Octopus vulgaris ) es cada vez más escasa. A diferencia de la costa atlántica, donde las poblaciones aumentan, en el litoral mediterráneo disminuyen bruscamente, fenómeno ya documentado y que preocupa a pescadores, biólogos y gestores de zonas marinas.
Cada verano, del 1 de junio al 30 de septiembre, se prohíbe la pesca recreativa del pulpo en las aguas del Parque Nacional de Port-Cros (zona núcleo y zona marina adyacente) y del Parque Nacional de Calanques. Esta medida, en vigor desde 2016, se impone por decreto prefectoral y conlleva sanciones de hasta 22.500 euros por pesca furtiva.

Vulnerable a la presión pesquera
El objetivo es claro: proteger la especie durante su periodo de reproducción, el más crítico de su ciclo vital. La época de reproducción del pulpo mediterráneo va del 1 de junio al 30 de septiembre. Durante estos meses de verano, las hembras necesitan calma y estabilidad para poner y custodiar sus huevos, una fase durante la cual se vuelven extremadamente vulnerables a la presión pesquera. El objetivo de la protección estival es, por tanto, garantizar que esta época esencial no se vea comprometida por la captura masiva.
¿Hay que ampliar la protección?
Sin embargo, la normativa actual sigue siendo limitada geográfica y temporalmente. Sólo cubren una parte del litoral de Var y Marsella, dejando fuera muchas zonas donde la presión de la pesca recreativa y la pesca submarina pueden tener un impacto local sobre las poblaciones.
Ya se han hecho llamamientos en favor de una protección más amplia, o incluso de una prohibición general en todo el litoral mediterráneo francés, en particular mediante medidas prefectorales. Pero una medida así presupone un nuevo marco normativo, una evaluación científica sólida y un arbitraje político entre conservación y actividades de ocio.
La estructura actual de la veda muestra también que se ha negociado con las federaciones y clubes de pesca recreativa, lo que sin duda explica su perímetro sectorial en lugar de una veda total. Esto crea una situación en la que la protección existe, pero de forma fragmentada: fuerte en el corazón de los parques, limitada en las zonas adyacentes y ausente en muchas otras partes del litoral mediterráneo.

¿Ir aún más lejos?
Por tanto, la cuestión de la prolongación del periodo de veda y la ampliación de la zona se plantea con mayor fuerza. Prolongar el periodo más allá del 30 de septiembre, o extenderlo a otros departamentos del Var, Bouches-du-Rhône, Vaucluse o Estérel, podría reforzar la protección de la especie y mejorar la capacidad de recuperación de las poblaciones locales. Ello exigiría nuevas consultas, nuevos decretos y un seguimiento ecológico más detallado, pero en teoría nada lo impide.
Dada la fragilidad del pulpo en el Mediterráneo, ¿no es hora de ir más allá de la protección actual, limitada a unas pocas zonas y unos pocos meses? La respuesta dependerá de la voluntad política, los resultados del seguimiento científico y la aceptabilidad de la medida para los usuarios del mar.

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