Algunas capturas son algo más que una gran captura. Pasan a formar parte de la memoria del pescador. En pleno invierno, en el Moulin de Gémages, una extraordinaria trucha arco iris fue el recordatorio de que la pesca a mosca puede seguir ofreciendo emociones crudas, incluso con lluvia y frío.
Un entorno invernal lleno de sorpresas
La historia se desarrolla en pleno invierno de 2026, en el Moulin de Gémages , à Val-au-Perche . El tiempo era gris. La lluvia acompañó los primeros lances. Las condiciones no eran cómodas, pero el embalse se mantuvo legible y animado.

Pero sobre todo, ¡el agua es nuestra! Los peces responden desde por la mañana. La actividad es real, a pesar del agua fría. Aún no había señales de lo que estaba por venir.
Un día que se alarga, entre decepciones y esperanzas
Tras una mañana productiva y un cálido descanso, la tarde empezó más lenta. Entre las 14.00 y las 15.00 horas, los toques fueron escasos. Algunos remolinos delataban una presencia, pero no había seguimiento inmediato. Los streamers negros se movían lentamente, cerca del fondo. Los peces están ahí, pero recelosos. El invierno marca el ritmo. Hay que insistir, adaptarse, creer en el momento oportuno.
El momento en que todo cambia
Cuando cambia la luz y por fin se abre paso un rayo de sol, pesco un pez del que hablaré más tarde. Pero eso no viene al caso. Florian se pone tenso de repente. Es ese momento el que lo cambia todo. Esta pelea no tiene nada de ordinaria.

Florian se enrolla con la seda del nº 6, el pez pesa, la natación es amplia, es todo potencia. Mientras me acercaba con la red de desembarque, apareció una enorme sombra a pocos metros de la orilla. Una trucha arco iris fuera de lo común. Su tamaño es impresionante. El primer golpe con la red falló y el pez se fue de lado hacia un tocón. Empiezan las dudas. Me digo que tengo que hacerlo bien. Primero por mi compañero, que tiene en sus manos el pez de su vida en mi mosca, y luego para compartir este momento. El segundo intento fue decisivo.
Una trucha fuera de categoría
El pez está ahí, delante de nuestros ojos. Un monstruo de 83 centímetros, un tamaño que esperarías encontrar en un viaje de pesca.

Un auténtico trofeo pescado al vuelo, en pleno invierno. La alegría fue inmediata, compartida, casi incrédula. Las fotos captan rápidamente el momento, con respeto por el pez. Esta captura requirió una combinación de suerte y audacia. Porque Florian, con un rayo de sol, acababa de montar un original streamer inglés, un Fulling Mill blanco. Lo contrario de nuestros streamers negros. Un pez magnífico, que nos recuerda que este lugar excepcional merece realmente que perseveremos en él.
Más que un pez, un recuerdo
Esta trucha, estimada por Ivan Iannaccone, el propietario, en 8 kg, no es sólo una figura o una imagen.

Simboliza lo mejor que puede ofrecer la pesca con mosca en embalses. Una rara recompensa. Una emoción en estado puro. En Gémages, incluso en invierno, sigue habiendo trofeos. Y a veces, marcan mucho más que una temporada.

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